El Yang

Sería injusto por mi parte no reconocer, ahora que puedo dejarlo escrito, la enorme ayuda que, de forma más o menos consciente, me han brindado varias personas, sobre todo durante el tiempo en que mi salud ha estado más maltrecha.
Por supuesto, en el lugar más prominente, está sin ninguna duda mi contraria;
Aunque me conoció estando yo en buena salud, tras mi recaída no ha dejado nunca de darme muestras de no haber cambiado en su actitud y su impresión sobre mí, incluso cuando yo, para mis adentros, pensaba que sería mejor para ella olvidarme y recomenzar por su cuenta.
En realidad, por la percepción que me proporciona mi carácter levemente alexitímico (ver glosario), yo la calificaría como un poco “pegajosilla”
No olvido tampoco que, en el plano puramente material, dependo casi totalmente de ella para esas necesidades que nos ligan a casi todos a las vicisitudes terrenales. O sea, alojamiento, comida, y el abono para mis plantas.

Mi familia, y la suya, de forma distinta por razón de la desigual distancia física que me separa de unos y otros, me han ayudado en la medida de sus posibilidades,
y también un poco más.

Y los amigos que tengo desperdigados por la geografía del país, a los que no he podido ver desde hace tanto tiempo por mi comprensible aversión a viajar, pero que sé que se acuerdan de mí como yo de ellos, y gracias a ellos cuento con los buenos recuerdos en común que me alegran el semblante cuando los evoco.

Gracias, y espero poder devolver algún día vuestra ayuda

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