Competencia desleal

Ya he publicado en una entrada anterior mi condición de charneguillo,
o sea, hijo de inmigrantes andaluces nacido en Catalunya. He pasado casi toda mi vida aquí, y nada en mi acento delata el origen de mis padres.
Por supuesto, sé hablar en catalán desde que era adolescente, y aprendí hablando con los amigos, porque en aquel tiempo aún no se enseñaba en la escuela, pero nunca he encontrado razón para hacer de ello un estandarte que me muestre como miembro de un grupo. Eso no impide que me escuezca bastante leer y oír opiniones , y no siempre procedentes de políticos, que intentan convencer a los demás de la maldad intrínseca de quienes defienden el uso de su lengua materna (tanto el catalán, el euskera, el castellano, o cualquier otra que se ponga a tiro) como una parte de su cultura, personal o de grupo.
Pero hay otra categoría de personajes, que más que indignación me producen risa. Me refiero a aquéllos que, por razones de vecindad, se ven obligados a deslindarse de manera tan precisa como sea posible de cualquier relación con el molesto vecino y su cultura. Por desgracia para ellos, entre los integrantes del pueblo o grupo al que dicen representar, siempre hay algún gorrino mal capao, que no sólo les hace la puñeta llevándoles la contraria, sino que se toma la intolerable libertad de reírse de ellos a mansalva, ajenos a cualquier asomo de misericordia, de lo que en rigor, no es más que el reflejo de una respetable opinión.
El siguiente artículo es un claro ejemplo de lo que digo, al tiempo que sirve de ilustración de la socarronería aragonesa, a la que yo profeso una gran reverencia, por los buenos momentos que he pasado gracias a ella, en compañía de mis amigos aragoneses, a los que siempre permitiré que me llamen apreciativamente “polaco” o, los más íntimos, “puto polaco
Espero que os riáis tanto como me he reído yo.
Por cierto, como el artículo no es mío, no aparecen las casillas para calificarlo ni compartirlo.
Si te gusta, te sugiero que visites la página original, pulsando el enlace, en y lo hagas allí.

………………………………………………………………………………………………
………………………………………………………………………………………………

LAPAO, LAPAPYP y LAPOLLA

Mapa lingüístico de Aragón, año 2013. Significado de los acrónimos

Mapa lingüístico de Aragón, año 2012

Las Cortes de Aragón acaban de parir una ley que, como filólogo y aragonés, me abochorna profundamente. Se intitula Ley de uso, protección y promoción de las lenguas y modalidades lingüísticas propias de Aragón y se aprobó el pasado 9 de mayo de 2013. Siguiendo las prácticas consuetudinarias de la política patria, esta nueva ley de Lenguas surge como reacción a la anterior Ley de Lenguas aprobada por el anterior ejecutivo autonómico en la pasada legislatura (2009).
En esta nueva ley el legislativo aragonés se la ha cogido con papel de fumar y en un alarde de virtuosismo lingüístico sin precedentes se ha sacado del magín una serie de requilorios y perífrasis para nombrar las variedades lingüísticas que se hablan en la región. Que conste que los acrónimos que se han popularizado no figuran en la norma, sino que se han construido a partir de lo que se recoge en el artículo 5 de la nueva ley. Pero para los no iniciados en la cacofónica diarrea acronímica surgida al socaire de esta nueva ley les informo de que oficialmente en Aragón hay dos “Zonas de utilización de las lenguas y modalidades lingüísticas propias”: la Lengua Aragonesa Propia del Área Oriental (LAPAO) y la Lengua Aragonesa Propia de las Áreas Pirenaica y Prepirenaica (LAPAPYP).
Esta nueva ley deja al albur de la socarronería aragonesa el completar la denominación de la lengua que se habla en el resto del territorio no concernido por el engendro legislativo, postulándose como firmes candidatos dos glotónimos: LAPOLLA (Lengua Aragonesa de Otros Lugares Lindos de Aragón) o LAOSTIA (Lengua Aragonesa de Otros Sitios También Interesantes de Aragón). Ambas denominaciones cuentan con la ventaja de que se les puede añadir el complemento “en vinagre” sin violentar mucho los usos lingüísticos habituales.
He indagado quiénes han podido ser los asesores lingüísticos que, a pachas con los retorcidos asesores políticos, han perpetrado semejante fechoría, pero no he dado con ellos. Supongo que a estas horas este peligroso comando de activistas lingüísticos se habrá pasado a la clandestinidad y sobre ellos pesará la correspondiente orden de búsqueda y captura.
Todo este esfuerzo elusivo ha sido motivado para evitar mencionar los términos que un lingüista llama con total naturalidad aragonés y catalán; o lo que en román paladino se ha denominado siempre con total normalidad como fabla o chapurriáu respectivamente. Semejante alarde perifrástico no se conocía desde los tiempos de Góngora y sus secuaces.
En realidad, todo este esfuerzo elusivo se ha realizado para evitar mencionar un único término: el catalán. He realizado una búsqueda de la voz “catalán” por el pdf de la nueva ley y la contestación es la esperada: “Reader finalizó la búsqueda del documento. No se encontró ninguna coincidencia”.
Es tal la catalanofobia que profesa cierto sector de la clase política aragonesa que, con tal de desalojar el catalán de la cultura aragonesa por considerarlo un hijo bastardo, ha sido capaz de sacrificar hasta al hijo legítimo, el aragonés. Digo yo que, si se trataba de eso, en lugar de tanto articulado y tanta disentería de siglas se hubieran quedado más a gusto si hubieran preparado una ley con un artículo único que dijera: “Se prohíbe hablar en polaco. Y punto”.
Lo de esta ley recuerda a la famosa facecia medieval de aquel rey que, harto de las querellas continuadas que se cruzaban dos envidiosos, resolvió conceder por duplicado el deseo que cada uno le formulara. Era tal la envidia que se profesaban que el primero se hizo sacar un ojo para que al otro le sacaran los dos; y el segundo se hizo amputar una pierna para que al otro le amputaran las dos. Pues así han procedido con esta ley: con tal de no mencionar el catalán, la nueva ley ha sido capaz hasta de sacrificar el aragonés.
Dejando a un lado la ironía, estos mismos diputados que se arrogan la defensa de las peculiaridades lingüísticas de Aragón han demostrado que, además de sentido común, carecen del más elemental conocimiento de lo que ha sido la cultura lingüística del Reino de Aragón desde los tiempos de su formación.
Delante de mí tengo una copia del acta mediante la cual se procedió a la segregación de la judería de la villa zaragozana de Tauste, cerca ya de Navarra, en cumplimiento de la orden regia (A.C.A., Real Cancillería, Reg. 2448, fols. 72v.-74). Está fechada el 12 de julio de 1414 y la redacta un notario leridano llamado “micer Francesch Ferrer”. Está escrita en catalán, un catalán del siglo XV, similar al de Tirant lo Blanc. Sabido es que en la práctica cancilleresca de los Reyes de Aragón todos los documentos se redactaban por duplicado, uno en catalán y otro en el castellano de la época.
Y no pasaba nada, porque la convivencia de lenguas se entendía como algo normal. Sin embargo, y con la excusa de regular la cultura lingüística aragonesa, algunos se han pasado de frenada y han acabado haciendo en su propia casa lo que tanto denostaban en la casa del vecino. Pues eso, la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio.

Anuncios

Escribe algo si tienes ganas

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s