Una revisión taxonómica: la femifauna

 

 

A modo de introducción, explicaré algunos términos científicos necesarios para la comprensión de este articulillo.

En Biología, existe un apartado llamado Taxonomía: de forma simple, esta rama se ocupa de la clasificación de los seres vivos. Esta clasificación es una referencia, una herramienta, para poder estudiar, a partir de ella, con ayuda y apoyo de otras herramientas, a los seres vivos.

Si tienes curiosidad por saber más, puedes ir al Glosario, en el que hallarás enlaces con información.

Conviene aquí aclarar un punto: se tiende a confundir a la Taxonomía Biológica con la Sistemática Biológica. Aunque ambas están íntimamente relacionadas, no son lo mismo.

La Taxonomía es una especie de base de datos, de carácter descriptivo, mientras que la Sistemática tiene un objetivo más amplio, interpretativo: conocer, además de los caracteres descriptivos de cada especie, cómo ha llegado al lugar que ocupa en su apartado taxonómico.

Así queda aclarado (espero) uno de los puntos del título.

Antes que nada, un aviso para los que tenéis la piel fina: leed y entended lo que escribo antes de comentar. Dos, tres veces, si es preciso. Os ayudará en dos cosas. Evitándoos un berrinche, por un lado,  y que quedéis como idiotas haciendo comentarios incoherentes, por otro.

Ya hace tiempo que se acuñó el neologismofeminazi”: se utiliza para designar a aquellas personas que, convenidas  de que así demuestran lo socialmente comprometidas que están, se dedican a rasgarse las vestiduras, a lanzar improperios y a descalificar, por el método de la falacia, a todo aquel que tenga la osadía de criticar a otra persona, siempre que esta última pertenezca al sexo femenino.

Usando la falacia, evitan, de forma eficaz, desviar la atención del que es el núcleo de la crítica, es decir, si el oponente tiene o no razón, o argumenta de mejor o peor manera.

Se trata, en este caso, de la falacia ad hominem: atacar el argumento por la vía de desacreditar al oponente.

Un ejemplo sería el siguiente:
Luis dice que Juan miente
Luis es un ladrón, luego
Juan dice la verdad

 

Y ahora vamos a ver unos ejemplos genéricos.
Mariano afirma:

Laura no debería conducir, porque las mujeres no tienen reflejos

Una persona con una capacidad intelectual media, o incluso media-baja, mostraría su desacuerdo, diciendo:

Mariano, ¿Qué tiene que ver el sexo con la  habilidad?

De entre los anteriores, un feminista, hombre o mujer, podría ser algo más incisivo y decir:

Está claro, Mariano, que a usted le mueve algún prejuicio machista al decir semejante idiotez

Un/una feminazi diría en este caso lo mismo que un/una feminista, quizá, en tono más airado, pasando, por tanto, desapercibido.

Pero vamos a analizar el siguiente ejemplo

Francisco dice:

Laura no debería conducir, porque no tiene reflejos

Pueden darse dos casos: Laura es la vecina del tercer piso, segunda puerta, de un edificio situado en una calle de un barrio no muy lujoso de una ciudad cualquiera.

En este caso, es muy probable que ningún feminazi llegue a enterarse del asunto, porque su hábitat suele ser más selectivo. Previsiblemente, Laura se quedará sin su abnegado defensor.

Segundo caso: Laura es una mujer conocida, que no pública. Una activista, una periodista, una escritora… famosa, que sale en los medios.

Ninguna persona, aún feminista convencido, con su capacidad de comprensión intacta, podrá alegar que Francisco es machista. Podrá, como mucho, sospechar, que no ve a Laura con buenos ojos, por motivos políticos, envidia…

Pero en este caso, un o una feminazi encuentra el gatillo, un mecanismo, escondido en lo profundo de su masa cerebral, que se dispara automáticamente:

A Francisco, lo que le pasa, es que no respeta a las mujeres. Debería darle vergüenza, es mucho lo que Laura ha hecho, para que ahora un machista como él la ataque de este modo

Al fin y al cabo, lo que Francisco pone en duda no es lo que Laura haya hecho como mujer, sino lo que podría hacer como persona inhábil para una capacidad concreta, pero eso, como en toda argumentación falaz, es secundario.

Y como oigo pensar, sé que te preguntas en este punto:

¿Y bien?¿Has dicho algo nuevo? Eso ya lo sabemos todos

De acuerdo. Pero sé que muchos no sabéis definir un femiacomplejado, y deslindarlo de un feminazi, o distinguirlo de un simple calzonazos, cuando lo escucháis. Sí, porque un femiacomplejado no se detecta por ningún carácter fenotípico aparente.
Un femiacomplejado puro es  indetectable si no abre la boca o escribe, y sólo en relación con lo que he expuesto antes.

Un femiacomplejado no es exactamente un calzonazos: aquél que no sabe enfrentarse asertivamente a las exigencias excesivas o a las burlas de su pareja. Puede perfectamente llevar ese aspecto con normalidad.

Tampoco, necesariamente, un feminazi es un femiacomplejado:
El femiacomplejado es un individuo, de sexo masculino, con complejo de culpa, por la situación social de inferioridad de las mujeres, y que intenta contrarrestar ese sentimiento, señalándose él mismo, a modo de icono inmolatorio, como infame causante, aunque involuntario, de esa situación de repudio.

Parece, a primer vistazo, un moderno Jesucristo ad hoc, que se inmola en tu nombre para reparar el daño, pero a diferencia de aquél, que lo hizo perdonando, el femiacomplejado te señala en su acto, dejando claro que el ofensor eres tú.

No es demasiado difícil, por lo tanto, reconocer a un femiacomplejado. Pero no todos son tan obvios y, como cualquier ser vivo, algunos aprenden estrategias para no ser detectados y evitar ser blanco de escarnio por parte de los machos α.
(Y de los machos y hembras normales; no estamos hablando de etología)

Aún así, hay varios signos que pueden alertarnos al respecto, y aquí voy a exponer uno muy característico. Se trata del uso del vocablo machíto. El acento es puramente enfático. Trata de ayudar a entender la forma particular de pronunciarlo

Así pues, taxónomos, psiquiatras, biólogos, sociólogos; todos los que podéis necesitar de esta útil herramienta, podéis usarla en vuestro quehacer sin temor a que os reclame royalties. La pongo a disposición de toda la comunidad científica. Me mueve, como a otros inquietos les movió en su momento, el prurito investigador, el afán de ayudar, con altruista renuncia a mi personal beneficio.

Tan sólo pido, como es de buen uso, a modo de cortesía, que citéis esta fuente en vuestras publicaciones.

No quiero finalizar sin agradecer expresamente al inspirador de mi descubrimiento, al que activó las neuronas que me evocaron mis experiencias pasadas. No conozco su nombre, así que sólo puedo agradecerle de esta manera:
Gracias, amigo sin nombre.

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