La lucidez, la lucidez…

-Siendo así, por qué no hacemos su experimento, propuso la mujer, déjese conectar a a la máquina y yo le hago las preguntas,

-Está loca, soy un agente de la autoridad, la sospechosa es usted, no yo,

-O sea, que tiene miedo,

-Ya le he dicho que no,

-Entonces conéctese a la máquina y muéstreme lo que es un hombre y su verdad.
El agente miró a la mujer, que sonreía, miró al técnico, que se esforzaba por disimular una sonrisa, y dijo,

-Muy bien, una vez no son veces, consiento en someterme al experimento.
El técnico conectó los cables, apretó las abrazaderas, ajustó las ventosas.

-Ya está preparado para comenzar, cuando quieran.

La mujer inspiró hondo, retuvo aire en los pulmones durante tres segundos y soltó bruscamente la palabra,

 

Blanco.

 

No llegaba a ser una pregunta,pero las agujas se movieron, rayaron el papel. En la pausa que siguió las agujas no llegaron a parar por completo, siguieron vibrando, haciendo pequeños trazos, como si fuesen ondulaciones causadas por una piedra lanzada al agua. La mujer los miraba, no al hombre atado, y después, sí, volviendo hacia él los ojos, preguntó en un tono de voz suave, casi tierno, -Dígame, por favor, si votó en blanco,

-No, no voté en blanco, nunca he votado ni votaré en blanco en mi vida, respondió con vehemencia el hombre. Los movimientos de las agujas fueron rápidos, precipitados, violentos. Otra pausa.

-Entonces, preguntó el agente.

El técnico tardaba en responder, el agente insistió,

-Entonces, qué dice la máquina,

-La máquina dice que usted ha mentido, respondió confuso el técnico,

-Es imposible, gritó el agente, he dicho la verdad, no he votado en blanco, soy un profesional del servicio secreto, un patriota que defiende los intereses de la nación, la máquina debe de estar averiada,

-No se canse, no se justifique, dijo la mujer, creo que ha dicho la verdad, que no ha votado en blanco ni votará, pero le recuerdo que no era de eso de lo que se trataba, sólo pretendía demostrarle, y creo haberlo conseguido, que no nos podemos fiar demasiado de nuestro cuerpo,

-La culpa ha sido suya, me ha puesto nervioso,

-Claro, la culpa es mía, la culpa es de la eva tentadora, pero a nosotros nadie nos pregunta si nos sentimos nerviosos cuando nos vemos atados a ese artefacto,

-Lo que les pone nerviosos es la culpa,

-Quizá, pero entonces vaya y dígale a su jefe porqué, siendo usted inocente de nuestras maldades, se ha portado aquí como un culpable, -No tengo que decirle nada a mi jefe, lo que ha pasado aquí es como si nunca hubiera ocurrido, respondió el agente.

Después se dirigió al técnico,

-Deme ese papel, y ya sabe, silencio absoluto si no quiere arrepentirse de haber nacido,

-Sí señor, quédese tranquilo, mi boca no se abrirá, -Yo tampoco diré nada, añadió la mujer, pero al menos explíquele a su jefe que las astucias no le servirán de nada, que todos nosotros seguiremos mintiendo cuando digamos la verdad, que seguiremos diciendo la verdad cuando estemos mintiendo, como él, como usted, imagínese que le hubiera preguntado si se quería acostar conmigo, qué respondería, qué diría la máquina….

José Saramago, Ensayo sobre la lucidez. Pág 33

Anuncios

Escribe algo si tienes ganas

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s