SQM- Sospecho que Mienten (I)

Cuando arranqué a escribir en este blog, intenté dejar claro que no soy ningún experto.

Insisto aquí, mis dudas más numerosas que mis certezas. Siempre según mi experiencia, no sabría asegurar si la Sensibilidad Química Múltiple es una enfermedad con entidad propia, si es un factor activador o coadyuvante en otros trastornos, o si no se trata, en realidad, de parte de los síntomas de otro desarreglo primario. Entiéndase que en ningún caso niego su existencia, sólo señalo que no sé clasificarla según mi criterio.

Tampoco es extraño que sea así; yo no soy investigador, pero revisando lo que éstos publican, lo que está claro es que no hay nada claro (valga la redundancia). La controversia es patente, los resultados de los estudios son contradictorios, y, desafortunadamente, más que una cooperación entre los investigadores, lo que parece existir es una campaña de desprestigio hacia una de las dos líneas de investigación.

Por un lado, está la línea que defiende la etiología psicosomática del trastorno; por otro lado, los que creen haber encontrado una causa fisiológica, aún poco conocida, y que son sistemáticamente desacreditados por los primeros.¿Y cuál es la diferencia? Para mí, ésta es pregunta de examen. A ver si la paso con nota.

Se califica a un trastorno como psicosomático, o somatomorfo cuando  no se hallan causas que  justifiquen los síntomas.

Por ejemplo, una úlcera estomacal puede tener varias causas:  por una lesión mecánica o química,  o por la bacteria Helicobacter pylori. Si no se encuentra ninguna de ellas, se puede sospechar que el origen es psicosomático: un disgusto, el estrés, (los nervios), alteran la mucosa gástrica y pueden provocar la úlcera.

En realidad, todas las causas, incluso las psicógenas, son fisiológicas. Pero en los dos primeros casos, hay un agente, cuantificable, (el objeto o la sustancia que produjo la lesión, el microorganismo) que produce el daño. En el último caso, es el propio cuerpo, a través del Sistema Nervioso, el que acaba perjudicando una parte de él. Pero la vía es física; no se trata de energías intangibles que dañan, ni de posesiones diabólicas o conjuros. Son las vías del estrés las que promueven el daño, a través de las hormonas y  los mecanismos de defensa.

Tampoco el efecto es siempre una lesión: pueden manifestarse taquicardias, dolores, mareos… parálisis, fatiga; hay una larga lista de signos y síntomas.

Dos cosas son importantes:

Una,  ninguno de esos síntomas y signos es específico de un trastorno somatomorfo. De hecho, la clasificación DSM-IV indica que el diagnóstico ha de hacerse por exclusión:

(…) ninguno de los síntomas (…) puede explicarse por la presencia de una enfermedad médica conocida (…)

Dos, un paciente de alguna enfermedad con síntomas poco específicos, es candidato a ser diagnosticado, a priori, como  trastorno por somatización.

He elegido a propósito el ejemplo de las úlceras gástricas. Hasta el descubrimiento de la asociación de la bacteria H pylori con la enfermedad, se aceptaba su naturaleza psicosomática. Y no estoy hablando de la Edad Media; tampoco lo afirmo por la autoridad que me confiere mi rostro. En Wikipedia, convenientemente respaldado por estudios científicos, hay un artículo bastante completo, donde puedes comprobarlo. Concretamente, no fue hasta el año 1981 cuando se demostró la causa infecciosa de la mayoría de las úlceras gástricas, aunque esa asociación ya fue postulada anteriormente, el año 1979.

Aún así, hasta la heroica decisión de uno de los investigadores , concretamente, el Dr Barry Marshall[1] de autoinfectarse con H pylori, la mayoría de los médicos fueron reticentes a aceptar lo que los estudios ya demostraban.

También los enfermos de Esclerosis Múltiple fueron víctimas de este erróneo enfoque, hasta mediados del siglo pasado, en que se demostró la etiología autoinmune de la enfermedad. Hasta entonces, fueron tachados de histéricos (con las connotaciones sexistas que el término añadía) y encerrados en manicomios. La enfermedad se denominaba Parálisis Histérica, confundiéndose con las parestesias y parálisis que se manifiestan en  los trastornos por conversión.

¿Y qué consecuencias tiene esto? En principio, un tratamiento inadecuado, cuando no perjudicial. Si bien en el caso de las úlceras gástricas, el mayor perjuicio fue el retraso en el desarrollo de un tratamiento, en el caso de los afectados por Esclerosis Múltiple la mayoría, mujeres relativamente jóvenes, eran encerradas en manicomios, “acusadas” de histeria.

E indirectamente, la carga añadida a los “servicios sociales” que se ocupaban de los enfermos mentales ( y ya sé que es un bonito eufemismo para decir manicomios).

¿Qué nos enseña todo lo anterior? Voy a copiar parte un artículo, publicado en la Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, en su nº 87,  jul.-sep. 2003, que viene al dedillo para ilustrar lo fácil que es ahorrarse trabajo, gracias al fabuloso cajón de sastre, que sirve de depósito donde despachar con rapidez a cierto tipo de cansinos, que saturan los servicios de salud con sus quejas de fatiga y extraños síntomas.

Un caso de trastorno de conversión analizado desde la perspectiva de la interconsulta hospitalaria

Luis Javier Sanz Rodríguez1, Begoña Torres López2

1 Residente de Psicología Clínica. Hospital Universitario de Getafe
2 Residente de Psicología Clínica Hospital Psiquiátrico de Madrid

 

(…)es relativamente frecuente el diagnóstico inicial de trastorno por conversión[2] en pacientes que finalmente son diagnosticados de esclerosis múltiple, miastenia grave y distonías idiopáticas o inducidas por sustancias. Por ello, es importante el no desatender el estudio exhaustivo de este tipo de pacientes aunque inicialmente no se encuentre etiología orgánica que justifique los síntomas.

 

Leyendo entre líneas, viene a decir ni más ni menos que entre los funcionarios de Sanidad también rige el dicho de “el que venga detrás que arree”

Perjudicado, el paciente por un lado, y por otro, los médicos que tendrán que hacer el trabajo que el primer diagnosticador de pluma rápida eludió, gracias al recurso a la somatización. Cabe señalar que, en el caso de una esclerosis múltiple, un diagnóstico acertado y el inicio precoz de un tratamiento puede mejorar el pronóstico de la enfermedad, al retrasar la aparición de un segundo brote.

Afortunadamente para todos, esto es cosa del pasado. Gracias al progreso en investigación, se conocen hoy todos los mecanismos que provocan enfermedad en el ser humano, de modo que se puede aplicar con certeza el tratamiento adecuado, si existe.

¿Sí? ¿Seguro?

***********************************

Pero un día, algo vino a golpearme, algo desconocido, que me sumió en el limbo de los muertos vivientes. En algún momento, el sopor me venció. Y entonces, me desperté, y fui consciente del engaño en el que estuve sumido, por culpa de mi ignorancia, durante tanto tiempo.

*************************************************************************

NOTAS:

[1]No es el único caso de heroicismo en investigación médica. Más dramático, por su desenlace, fue el caso de Jesse Lazear, que murió, el 25 de septiembre de 1900, a causa de la fiebre amarilla que él mismo se inoculó, con la intención de demostrar el papel de vector del mosquito Aedes aegypti en la transmisión de la enfermedad.

[2]Una subclase de los trastornos somatomorfos.

 

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Defínase, oiga, que ya va siendo hora

Sí, ya hace falta. Por los que me leen y, sobre todo, por mí.
Porque estoy empezando a crear dudas.
Dudas sobre mi intención, y basándose en esto, he empezado a recibir alguna alusión, acerca de si realmente pretendo ayudar o más bien entorpecer y confundir.
Como encuentro  razonable la desconfianza, voy a intentar despejarla.

Que estoy enfermo, ya lo he escrito. Esa sospecha se puede desechar. Tengo Encefalomielitis Miálgica, Síndrome de Fatiga Crónica si se prefiere el nombre.
No voy a hacer público mi diagnóstico, obviamente, pero he participado en un estudio, como muestra. No creo que haga falta especificar más.

No tengo Fibromialgia ni Sensibilidad Química Múltiple. Pero he sufrido una recaída a raíz de un cambio de domicilio, a un lugar bastante alejado de mi residencia previa. Yo lo atribuyo a algún factor ambiental, en mi caso, de origen natural. Como por desgracia no hay pruebas que lo puedan detectar, nunca he sabido si mis sospechas eran reales, pero en todo caso, no desarrollé a partir de entonces más intolerancias.

Y no sólo no me hicieron prueba alguna, sino que tuve que sufrir las vejaciones de tres al estilo de “ayudantes de Mengele”.
Uno de los actos de esa humillante representación está transcrito parcialmente en esta entrad de este mismo blog: Seres voladores (II)

A mí personalmente no me gusta clasificar a las personas en grupos, pero a veces, por razones de claridad, es inevitable. Todos los enfermos de EM-SFC, de FM, de SQM o EHS compartimos clasificación en un grupo más amplio, que además incluye otros trastornos. Se trata de los Síndromes por Sensibilización Central, cuyo acrónimo (abreviatura) es SSC.

El problema es que, no sólo la credibilidad entre los médicos y la sociedad es irregular, sino que, además, la propia evidencia científica es diferente para cada uno de ellos. La FM y la EM-SFC empiezan a ser reconocidas y aceptadas como trastornos reales y con una causa física. La Sensibilidad Química Múltiple cuenta con poca credibilidad entre los propios científicos. Esto no significa que no haya estudios  que se ocupen de ella, pero el asunto de los estudios y la fiabilidad o no de sus resultados es un terreno complejo que no puedo tratar ahora, porque me saldría del tema, y hay más factores aparte del estrictamente científico. Sociales y económicos, principalmente.
El mayor problema rs agrava al querer establecer la entidad de la ElectroHiperSensibilidad (EHS). Al haber sido la última en llegar, apenas hay estudios, apenas se sabe nada.
En el caso de la SQM, hay al menos, hipótesis de trabajo (véase). Pero lo único que hay, a nivel científico en la EHS son postulados. (véase  definición también).*

*[Los añado mañana]

¿Significa esto que la SQM y la EHS no existen? Pues, no necesariamente.
¿Significa esto que yo afirmo que la SQM y la EHS no existen? Tampoco.
¿Significa esto, entonces, que yo afirmo que la SQM y la EHS sí existen? Pues no; lo siento, pero tampoco es así.

Y no es que yo quiera ser premeditadamente inconcreto en este importante asunto, todo lo contrario. Precisamente lo que pretendo es ser irreprochablemente serio, y no dar nada ni por falso, ni por cierto.

Puedo entender los mecanismos de la SQM, dentro de mi conocimiento, porque hay literatura que la describe, y puedo contrastar lo que leo fuera de las publicaciones científicas basándome en eso. Pero para la EHS, carezco de esa, para mí, imprescindible referencia.

Lo único que hay es un postulado, ni siquiera es una hipótesis de trabajo:
Como el sistema nervioso funciona por impulsos eléctricos entre las neuronas (y esto es rigurosamente cierto) los campos electromagnéticos artificiales afectan a su funcionamiento.

Que esto sea  cierto o falso, es totalmente independiente de lo que los científicos hayan logrado demostrar hasta hoy o hagan en el futuro. Pero mientras no llege ese momento, ocurrirán. al menos, dos cosas: que quien sufra sensibilidad a los campos electromagnéticos, o crea sufrirla, padecerá efectivamente sus efectos, o creerá padecerlos. Y que cualquiera con un poco más de conocimientos de física (o sin ellos) que la media,  podrá ofrecer su particular explicación y, basándose en ella, podrá construir su particular teoría.

Para entendernos: no es que yo dude de la existencia de ninguno de los dos trastornos; es que, por mi propia forma de abordar este tipo de problemas, dudo sistemáticamente de todo, si la única posibilidad que tengo es creer.
Creer sólo se debe hacer en caso de absoluta y perentoria necesidad. Si hay posibilidad, se debe siempre investigar, y, con los resultados, intentar, si es posible, fundamentar un esquema, una opinión. Eso evita de forma muy eficaz que alguien, aparentemente de modo altruista, aproveche la ignorancia para crear, por un lado, alarma innecesaria, y por otro, falsas expectativas.

Esto es, ni más ni menos, lo que algunos abogados de los enfermos, tanto de SSC como de cáncer, SIDA, atribuyen a las farmacéuticas: generar miedos o falsas enfermedades para vender medicamentos. Lo que es razonablemente cierto en algún caso y hasta demostrado, con el caso reciente de la alarma causada por la anunciadamente benigna (anunciada por los científicos y médicos, no por los activistas medioambientales) Gripe A. Pero pocos de los enfermos de SSC se percatan de que eso mismo hacen bastantes bienhechores desinteresados, sobre todo, con el confuso panorama que sufren los  trastornos por EHS.

Y mucho más grave, por lo insidioso, es que seamos usados como estandarte por la comunidad de activistas en pro del medio ambiente, entre cuyas filas, hábilmente camuflados, pululan buena cantidad de personajes a quienes el medio ambiente les importa más bien poco, pero se han dado cuenta de que es la forma más eficaz, en estos momentos, para atraer atención a sus causas. Atención y dinero, porque, por muy alternativos e irisados que se pinten, sufren de las mismas querencias que el resto de los humanos sufrimos, entre ellas, nuestra adoración al Dios Dinero.

Lo que pasa es que hay quien lo acepta, lo asume, y se expone así a ser criticado, con o sin motivo. Pero muy ruín y miserable es, a mi parecer, el que trata de parecer inocente de ese pecado, mientras conspira con ahínco para arrebatar tanto o más de este goloso pedazo de pastel.

 

Emilio Monís

SQM· Sospecho Que Mienten (I)

Cuando arranqué a escribir en este blog, intenté dejar claro que no soy ningún experto.

Insisto aquí, mis dudas más numerosas que mis certezas. Siempre según mi experiencia, no sabría asegurar si la Sensibilidad Química Múltiple es una enfermedad con entidad propia, si es un factor activador o coadyuvante en otros trastornos, o si no se trata, en realidad, de parte de los síntomas de otro desarreglo primario. Entiéndase que en ningún caso niego su existencia, sólo señalo que no sé clasificarla según mi criterio.

Tampoco es extraño que sea así; yo no soy investigador, pero revisando lo que éstos publican, lo que está claro es que no hay nada claro (valga la redundancia). La controversia es patente, los resultados de los estudios son contradictorios, y, desafortunadamente, más que una cooperación entre los investigadores, lo que parece existir es una campaña de desprestigio hacia una de las dos líneas de investigación.

Por un lado, está la línea que defiende la etiología psicosomática del trastorno; por otro lado, los que creen haber encontrado una causa fisiológica, aún poco conocida, y que son sistemáticamente desacreditados por los primeros.¿Y cuál es la diferencia? Para mí, ésta es pregunta de examen. A ver si la paso con nota.

Se califica a un trastorno como psicosomático, o somatomorfo cuando  no se hallan causas que  justifiquen los síntomas.

Por ejemplo, una úlcera estomacal puede tener varias causas:  por una lesión mecánica o química,  o por la bacteria Helicobacter pylori. Si no se encuentra ninguna de ellas, se puede sospechar que el origen es psicosomático: un disgusto, el estrés, (los nervios), alteran la mucosa gástrica y pueden provocar la úlcera.

En realidad, todas las causas, incluso las psicógenas, son fisiológicas. Pero en los dos primeros casos, hay un agente, cuantificable, (el objeto o la sustancia que produjo la lesión, el microorganismo) que produce el daño. En el último caso, es el propio cuerpo, a través del Sistema Nervioso, el que acaba perjudicando una parte de él. Pero la vía es física; no se trata de energías intangibles que dañan, ni de posesiones diabólicas o conjuros. Son las vías del estrés las que promueven el daño, a través de las hormonas y  los mecanismos de defensa.

Tampoco el efecto es siempre una lesión: pueden manifestarse taquicardias, dolores, mareos… parálisis, fatiga; hay una larga lista de signos y síntomas.

Dos cosas son importantes:

Una,  ninguno de esos síntomas y signos es específico de un trastorno somatomorfo. De hecho, la clasificación DSM-IV indica que el diagnóstico ha de hacerse por exclusión:

(…) ninguno de los síntomas (…) puede explicarse por la presencia de una enfermedad médica conocida (…)

Dos, un paciente de alguna enfermedad con síntomas poco específicos, es candidato a ser diagnosticado, a priori, como  trastorno por somatización.

He elegido a propósito el ejemplo de las úlceras gástricas. Hasta el descubrimiento de la asociación de la bacteria H pylori con la enfermedad, se aceptaba su naturaleza psicosomática. Y no estoy hablando de la Edad Media; tampoco lo afirmo por la autoridad que me confiere mi rostro. En Wikipedia, convenientemente respaldado por estudios científicos, hay un artículo bastante completo, donde puedes comprobarlo. Concretamente, no fue hasta el año 1981 cuando se demostró la causa infecciosa de la mayoría de las úlceras gástricas, aunque esa asociación ya fue postulada anteriormente, el año 1979.

Aún así, hasta la heroica decisión de uno de los investigadores , concretamente, el Dr Barry Marshall[1] de autoinfectarse con H pylori, la mayoría de los médicos fueron reticentes a aceptar lo que los estudios ya demostraban.

También los enfermos de Esclerosis Múltiple fueron víctimas de este erróneo enfoque, hasta mediados del siglo pasado, en que se demostró la etiología autoinmune de la enfermedad. Hasta entonces, fueron tachados de histéricos (con las connotaciones sexistas que el término añadía) y encerrados en manicomios. La enfermedad se denominaba Parálisis Histérica, confundiéndose con las parestesias y parálisis que se manifiestan en  los trastornos por conversión.

¿Y qué consecuencias tiene esto? En principio, un tratamiento inadecuado, cuando no perjudicial. Si bien en el caso de las úlceras gástricas, el mayor perjuicio fue el retraso en el desarrollo de un tratamiento, en el caso de los afectados por Esclerosis Múltiple la mayoría, mujeres relativamente jóvenes, eran encerradas en manicomios, “acusadas” de histeria.

E indirectamente, la carga añadida a los “servicios sociales” que se ocupaban de los enfermos mentales ( y ya sé que es un bonito eufemismo para decir manicomios).

¿Qué nos enseña todo lo anterior? Voy a copiar parte un artículo, publicado en la Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, en su nº 87,  jul.-sep. 2003, que viene al dedillo para ilustrar lo fácil que es ahorrarse trabajo, gracias al fabuloso cajón de sastre, que sirve de depósito donde despachar con rapidez a cierto tipo de cansinos, que saturan los servicios de salud con sus quejas de fatiga y extraños síntomas.

Un caso de trastorno de conversión analizado desde la perspectiva de la interconsulta hospitalaria

Luis Javier Sanz Rodríguez1, Begoña Torres López2

1 Residente de Psicología Clínica. Hospital Universitario de Getafe
2 Residente de Psicología Clínica Hospital Psiquiátrico de Madrid

 

(…)es relativamente frecuente el diagnóstico inicial de trastorno por conversión[2] en pacientes que finalmente son diagnosticados de esclerosis múltiple, miastenia grave y distonías idiopáticas o inducidas por sustancias. Por ello, es importante el no desatender el estudio exhaustivo de este tipo de pacientes aunque inicialmente no se encuentre etiología orgánica que justifique los síntomas.

 

Leyendo entre líneas, viene a decir ni más ni menos que entre los funcionarios de Sanidad también rige el dicho de “el que venga detrás que arree”

Perjudicado, el paciente por un lado, y por otro, los médicos que tendrán que hacer el trabajo que el primer diagnosticador de pluma rápida eludió, gracias al recurso a la somatización. Cabe señalar que, en el caso de una esclerosis múltiple, un diagnóstico acertado y el inicio precoz de un tratamiento puede mejorar el pronóstico de la enfermedad, al retrasar la aparición de un segundo brote.

Afortunadamente para todos, esto es cosa del pasado. Gracias al progreso en investigación, se conocen hoy todos los mecanismos que provocan enfermedad en el ser humano, de modo que se puede aplicar con certeza el tratamiento adecuado, si existe.

¿Sí? ¿Seguro?

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Pero un día, algo vino a golpearme, algo desconocido, que me sumió en el limbo de los muertos vivientes. En algún momento, el sopor me venció. Y entonces, me desperté, y fui consciente del engaño en el que estuve sumido, por culpa de mi ignorancia, durante tanto tiempo.

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NOTAS:

[1]No es el único caso de heroicismo en investigación médica. Más dramático, por su desenlace, fue el caso de Jesse Lazear, que murió, el 25 de septiembre de 1900, a causa de la fiebre amarilla que él mismo se inoculó, con la intención de demostrar el papel de vector del mosquito Aedes aegypti en la transmisión de la enfermedad.

[2]Una subclase de los trastornos somatomorfos.

La lucidez, la lucidez…

-Siendo así, por qué no hacemos su experimento, propuso la mujer, déjese conectar a a la máquina y yo le hago las preguntas,

-Está loca, soy un agente de la autoridad, la sospechosa es usted, no yo,

-O sea, que tiene miedo,

-Ya le he dicho que no,

-Entonces conéctese a la máquina y muéstreme lo que es un hombre y su verdad.
El agente miró a la mujer, que sonreía, miró al técnico, que se esforzaba por disimular una sonrisa, y dijo,

-Muy bien, una vez no son veces, consiento en someterme al experimento.
El técnico conectó los cables, apretó las abrazaderas, ajustó las ventosas.

-Ya está preparado para comenzar, cuando quieran.

La mujer inspiró hondo, retuvo aire en los pulmones durante tres segundos y soltó bruscamente la palabra,

 

Blanco.

 

No llegaba a ser una pregunta,pero las agujas se movieron, rayaron el papel. En la pausa que siguió las agujas no llegaron a parar por completo, siguieron vibrando, haciendo pequeños trazos, como si fuesen ondulaciones causadas por una piedra lanzada al agua. La mujer los miraba, no al hombre atado, y después, sí, volviendo hacia él los ojos, preguntó en un tono de voz suave, casi tierno, -Dígame, por favor, si votó en blanco,

-No, no voté en blanco, nunca he votado ni votaré en blanco en mi vida, respondió con vehemencia el hombre. Los movimientos de las agujas fueron rápidos, precipitados, violentos. Otra pausa.

-Entonces, preguntó el agente.

El técnico tardaba en responder, el agente insistió,

-Entonces, qué dice la máquina,

-La máquina dice que usted ha mentido, respondió confuso el técnico,

-Es imposible, gritó el agente, he dicho la verdad, no he votado en blanco, soy un profesional del servicio secreto, un patriota que defiende los intereses de la nación, la máquina debe de estar averiada,

-No se canse, no se justifique, dijo la mujer, creo que ha dicho la verdad, que no ha votado en blanco ni votará, pero le recuerdo que no era de eso de lo que se trataba, sólo pretendía demostrarle, y creo haberlo conseguido, que no nos podemos fiar demasiado de nuestro cuerpo,

-La culpa ha sido suya, me ha puesto nervioso,

-Claro, la culpa es mía, la culpa es de la eva tentadora, pero a nosotros nadie nos pregunta si nos sentimos nerviosos cuando nos vemos atados a ese artefacto,

-Lo que les pone nerviosos es la culpa,

-Quizá, pero entonces vaya y dígale a su jefe porqué, siendo usted inocente de nuestras maldades, se ha portado aquí como un culpable, -No tengo que decirle nada a mi jefe, lo que ha pasado aquí es como si nunca hubiera ocurrido, respondió el agente.

Después se dirigió al técnico,

-Deme ese papel, y ya sabe, silencio absoluto si no quiere arrepentirse de haber nacido,

-Sí señor, quédese tranquilo, mi boca no se abrirá, -Yo tampoco diré nada, añadió la mujer, pero al menos explíquele a su jefe que las astucias no le servirán de nada, que todos nosotros seguiremos mintiendo cuando digamos la verdad, que seguiremos diciendo la verdad cuando estemos mintiendo, como él, como usted, imagínese que le hubiera preguntado si se quería acostar conmigo, qué respondería, qué diría la máquina….

José Saramago, Ensayo sobre la lucidez. Pág 33

Seres voladores (II) *

* Aludiendo a esta entrada: Seres voladores I

 

Es media mañana de un día radiante del mes de junio. Estoy sentado, en el lado malo, en el consultorio médico de una localidad de la provincia de Teruel, a donde he venido a vivir a principios de este mismo año, lleno de ilusión. Es la primera vez que entro en el consultorio, y la segunda vez que veo a la doctora. La primera, fue hace dos semanas, cuando, a petición de mi mujer, vino a visitarme a mi casa. Yo no podía levantarme de la cama.

Intento explicarme, a ver si es que he dicho algo mal. Pero no, por segunda vez, la misma respuesta, evasiva. Empiezo a dudar. Pregunto.

Suficiencia:
– Es que no puedo hacerte una baja por estar cansado.
¿Y quizá podría, hacerme una paja? ¿Si no estoy casado? ¡Emilio, esa boca! ¡Ni se te ocurra! ¡Y no la mires así! ¡Se te oye pensar!

Como no es mi primera experiencia me inquieto, me asalta la sospecha. ¿Otra vez lo mismo de siempre? Empiezo a argumentar. Para mí está muy claro:

– Doctora, ¿no entiende que yo no saco ningún provecho? Soy autónomo, yesero, oficial de primera. Hago bien mi trabajo, y me gusta. (Las dos cosas, mi trabajo y hacerlo bien) Gano en tres días de trabajo lo que cobro en un mes de baja ¿Cree que me compensa estar de baja?

Prepotencia: no te hago la baja porque no me sale de los ovarios. En realidad, cumplo órdenes, nos lo ha dicho el baranda:

Ni una baja si no hay una razón justificada; y si os parece Fatiga Crónica, sin compasión, a degüello. Revisaré personalmente todos los casos.

La verdad es que podría preocuparme; podría darte la baja y seguir tu caso; me parece un tanto raro que un tío como tú se comporte como un niño que no quiere ir a la escuela. Aún sin llegar a tanto, podrías darme lástima y hacértela igualmente. Pero la semana que viene me voy de vacaciones;
(lo deduzco por el folleto que tienes, abierto, mal oculto bajo mi exiguo historial) Con un poco de suerte, gracias al relax, volveré embarazada  del primero de mis dos hijos. El segundo vendrá después, tras un plazo razonable de tiempo. Ya lo tengo planificado. No, no me voy a buscar problemas.

 

-Bueno, te haré un volante para el psiquiatra. (Doctora, mi almorrana, por favor). Voy a llamar para ver cómo está la lista…

-…

-Te mandaré al reumatólogo. Vas a tener suerte, en Salud Mental no dan horas hasta dentro de un mes.

Una suerte loca, Doctora. No se hace usted bien a la idea. Tengo una casa a medio enyesar, y después de ésta, tres más, comprometidas. Tenía trabajo para lo que queda de año. Un lujo, si bien se mira, tal como empiezan a pintar las cosas. Dinero para vivir bien. Ya sabe, doctora, lo bien que vivimos los yeseros; si no fuera por los expolios trimestrales de Hacienda, podría comprar un harén y llenarlo de bellezas exóticas. Me vine a vivir aquí, lejos de las grandes constructoras, para poder cumplir este sueño. Voy a salir de aquí sin caber en mí de gozo. Si hay un Nirvana, no puede ser tan  maravilloso como este frenesí sensual.

No, no me haga usted ninguna paja, me corro yo solo de gusto.
Si no fuera usted tan repulsivamente fea, hasta le daría un beso, en el momento del éxtasis. 

Maldita cínica. Bastarda. 

– Eres el primer hombre que oigo decir (sic) que tiene Fatiga Crónica

Siempre tiene que haber alguna primera vez, señora. Para mí, también es la primera vez. Es la primera vez que escucho decir una idiotez semejante.

Primer aviso; salgo del consultorio con un subidón de adrenalina.

Mal asunto.

Mala raza.