Seres voladores (II) *

* Aludiendo a esta entrada: Seres voladores I

 

Es media mañana de un día radiante del mes de junio. Estoy sentado, en el lado malo, en el consultorio médico de una localidad de la provincia de Teruel, a donde he venido a vivir a principios de este mismo año, lleno de ilusión. Es la primera vez que entro en el consultorio, y la segunda vez que veo a la doctora. La primera, fue hace dos semanas, cuando, a petición de mi mujer, vino a visitarme a mi casa. Yo no podía levantarme de la cama.

Intento explicarme, a ver si es que he dicho algo mal. Pero no, por segunda vez, la misma respuesta, evasiva. Empiezo a dudar. Pregunto.

Suficiencia:
– Es que no puedo hacerte una baja por estar cansado.
¿Y quizá podría, hacerme una paja? ¿Si no estoy casado? ¡Emilio, esa boca! ¡Ni se te ocurra! ¡Y no la mires así! ¡Se te oye pensar!

Como no es mi primera experiencia me inquieto, me asalta la sospecha. ¿Otra vez lo mismo de siempre? Empiezo a argumentar. Para mí está muy claro:

– Doctora, ¿no entiende que yo no saco ningún provecho? Soy autónomo, yesero, oficial de primera. Hago bien mi trabajo, y me gusta. (Las dos cosas, mi trabajo y hacerlo bien) Gano en tres días de trabajo lo que cobro en un mes de baja ¿Cree que me compensa estar de baja?

Prepotencia: no te hago la baja porque no me sale de los ovarios. En realidad, cumplo órdenes, nos lo ha dicho el baranda:

Ni una baja si no hay una razón justificada; y si os parece Fatiga Crónica, sin compasión, a degüello. Revisaré personalmente todos los casos.

La verdad es que podría preocuparme; podría darte la baja y seguir tu caso; me parece un tanto raro que un tío como tú se comporte como un niño que no quiere ir a la escuela. Aún sin llegar a tanto, podrías darme lástima y hacértela igualmente. Pero la semana que viene me voy de vacaciones;
(lo deduzco por el folleto que tienes, abierto, mal oculto bajo mi exiguo historial) Con un poco de suerte, gracias al relax, volveré embarazada  del primero de mis dos hijos. El segundo vendrá después, tras un plazo razonable de tiempo. Ya lo tengo planificado. No, no me voy a buscar problemas.

 

-Bueno, te haré un volante para el psiquiatra. (Doctora, mi almorrana, por favor). Voy a llamar para ver cómo está la lista…

-…

-Te mandaré al reumatólogo. Vas a tener suerte, en Salud Mental no dan horas hasta dentro de un mes.

Una suerte loca, Doctora. No se hace usted bien a la idea. Tengo una casa a medio enyesar, y después de ésta, tres más, comprometidas. Tenía trabajo para lo que queda de año. Un lujo, si bien se mira, tal como empiezan a pintar las cosas. Dinero para vivir bien. Ya sabe, doctora, lo bien que vivimos los yeseros; si no fuera por los expolios trimestrales de Hacienda, podría comprar un harén y llenarlo de bellezas exóticas. Me vine a vivir aquí, lejos de las grandes constructoras, para poder cumplir este sueño. Voy a salir de aquí sin caber en mí de gozo. Si hay un Nirvana, no puede ser tan  maravilloso como este frenesí sensual.

No, no me haga usted ninguna paja, me corro yo solo de gusto.
Si no fuera usted tan repulsivamente fea, hasta le daría un beso, en el momento del éxtasis. 

Maldita cínica. Bastarda. 

– Eres el primer hombre que oigo decir (sic) que tiene Fatiga Crónica

Siempre tiene que haber alguna primera vez, señora. Para mí, también es la primera vez. Es la primera vez que escucho decir una idiotez semejante.

Primer aviso; salgo del consultorio con un subidón de adrenalina.

Mal asunto.

Mala raza.

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El Yin

En justa medida de equilibrio, quiero señalar aquí con sus nombres a dos, de entre los muchos que hay por esos consultorios de Dios, funcionarios del departamento de Salud, ejemplos del dicho popular que con irreductible sencillez reza que “tiene que haber de todo”.
Ojalá pudiera ser esto una lista donde se pudieran ver reflejados todos los maltratadores
psíquicos, que faltan a aquel principio médico tan básico del “primum non nocere”, pero entenderéis que yo sólo puedo responder de la veracidad de lo que yo escribo.
De todas formas, al final de esta entrada he pegado una encuesta, un poco humorística, para que podáis marcar la opción que más se acerca a vuestro caso . Así podremos ver un resumen de las actitudes hacia esta enfermedad.

Prestad atención, que hablo de vosotros.

“Dra” Ana Isabel Alcaine Paricio. Titular, cuando sufrí mi recaída, del consultorio de la localidad donde entonces residía, un pequeño pueblo minero en la provincia de Teruel. Con el argumento, no de alguna duda más o menos razonable, sino lisa y llanamente de la inconveniencia de poner en peligro el asiento de sus posaderas, me trató de igual forma que se haría con el niño que no quiere ir a la escuela. Le concedo el mérito exclusivo de provocar, con su actitud arrogante y despreciativa, mi primera crisis de angustia en 40 años de vida.
Actualmente castiga el asiento en la consulta de la capital de una comarca cercana. Insatisfecha, sin duda, con labor de tan poca enjundia, dedica el sobrante de sus energías a colaborar en el llamado “Grupo Aragonés de Investigación en PsicoDermatología” lo que me parece un acto de sarcasmo de las dimensiones de la Vía Láctea.

El segundo personaje, el también funcionario de Salud Emilio Pérez Laclériga, entonces y aún jefe de Zona Asistencial, quien, tras exponerle mi queja, me despachó con un literal:
“no tengo toda la mañana para pederla con usted”.
A los dos, gracias por el derroche de comprensión y humanidad.
Me consta, porque me lo ha dicho un pajarito, que vuestro insigne colega, el Doctor Josef Rudolf Mengele guarda en su laboratorio en el infierno, un par de puestos de ayudante para otorgároslos cuando llegue la ocasión.

Que se sepa.