SQM· Sospecho Que Mienten (I)

Cuando arranqué a escribir en este blog, intenté dejar claro que no soy ningún experto.

Insisto aquí, mis dudas más numerosas que mis certezas. Siempre según mi experiencia, no sabría asegurar si la Sensibilidad Química Múltiple es una enfermedad con entidad propia, si es un factor activador o coadyuvante en otros trastornos, o si no se trata, en realidad, de parte de los síntomas de otro desarreglo primario. Entiéndase que en ningún caso niego su existencia, sólo señalo que no sé clasificarla según mi criterio.

Tampoco es extraño que sea así; yo no soy investigador, pero revisando lo que éstos publican, lo que está claro es que no hay nada claro (valga la redundancia). La controversia es patente, los resultados de los estudios son contradictorios, y, desafortunadamente, más que una cooperación entre los investigadores, lo que parece existir es una campaña de desprestigio hacia una de las dos líneas de investigación.

Por un lado, está la línea que defiende la etiología psicosomática del trastorno; por otro lado, los que creen haber encontrado una causa fisiológica, aún poco conocida, y que son sistemáticamente desacreditados por los primeros.¿Y cuál es la diferencia? Para mí, ésta es pregunta de examen. A ver si la paso con nota.

Se califica a un trastorno como psicosomático, o somatomorfo cuando  no se hallan causas que  justifiquen los síntomas.

Por ejemplo, una úlcera estomacal puede tener varias causas:  por una lesión mecánica o química,  o por la bacteria Helicobacter pylori. Si no se encuentra ninguna de ellas, se puede sospechar que el origen es psicosomático: un disgusto, el estrés, (los nervios), alteran la mucosa gástrica y pueden provocar la úlcera.

En realidad, todas las causas, incluso las psicógenas, son fisiológicas. Pero en los dos primeros casos, hay un agente, cuantificable, (el objeto o la sustancia que produjo la lesión, el microorganismo) que produce el daño. En el último caso, es el propio cuerpo, a través del Sistema Nervioso, el que acaba perjudicando una parte de él. Pero la vía es física; no se trata de energías intangibles que dañan, ni de posesiones diabólicas o conjuros. Son las vías del estrés las que promueven el daño, a través de las hormonas y  los mecanismos de defensa.

Tampoco el efecto es siempre una lesión: pueden manifestarse taquicardias, dolores, mareos… parálisis, fatiga; hay una larga lista de signos y síntomas.

Dos cosas son importantes:

Una,  ninguno de esos síntomas y signos es específico de un trastorno somatomorfo. De hecho, la clasificación DSM-IV indica que el diagnóstico ha de hacerse por exclusión:

(…) ninguno de los síntomas (…) puede explicarse por la presencia de una enfermedad médica conocida (…)

Dos, un paciente de alguna enfermedad con síntomas poco específicos, es candidato a ser diagnosticado, a priori, como  trastorno por somatización.

He elegido a propósito el ejemplo de las úlceras gástricas. Hasta el descubrimiento de la asociación de la bacteria H pylori con la enfermedad, se aceptaba su naturaleza psicosomática. Y no estoy hablando de la Edad Media; tampoco lo afirmo por la autoridad que me confiere mi rostro. En Wikipedia, convenientemente respaldado por estudios científicos, hay un artículo bastante completo, donde puedes comprobarlo. Concretamente, no fue hasta el año 1981 cuando se demostró la causa infecciosa de la mayoría de las úlceras gástricas, aunque esa asociación ya fue postulada anteriormente, el año 1979.

Aún así, hasta la heroica decisión de uno de los investigadores , concretamente, el Dr Barry Marshall[1] de autoinfectarse con H pylori, la mayoría de los médicos fueron reticentes a aceptar lo que los estudios ya demostraban.

También los enfermos de Esclerosis Múltiple fueron víctimas de este erróneo enfoque, hasta mediados del siglo pasado, en que se demostró la etiología autoinmune de la enfermedad. Hasta entonces, fueron tachados de histéricos (con las connotaciones sexistas que el término añadía) y encerrados en manicomios. La enfermedad se denominaba Parálisis Histérica, confundiéndose con las parestesias y parálisis que se manifiestan en  los trastornos por conversión.

¿Y qué consecuencias tiene esto? En principio, un tratamiento inadecuado, cuando no perjudicial. Si bien en el caso de las úlceras gástricas, el mayor perjuicio fue el retraso en el desarrollo de un tratamiento, en el caso de los afectados por Esclerosis Múltiple la mayoría, mujeres relativamente jóvenes, eran encerradas en manicomios, “acusadas” de histeria.

E indirectamente, la carga añadida a los “servicios sociales” que se ocupaban de los enfermos mentales ( y ya sé que es un bonito eufemismo para decir manicomios).

¿Qué nos enseña todo lo anterior? Voy a copiar parte un artículo, publicado en la Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, en su nº 87,  jul.-sep. 2003, que viene al dedillo para ilustrar lo fácil que es ahorrarse trabajo, gracias al fabuloso cajón de sastre, que sirve de depósito donde despachar con rapidez a cierto tipo de cansinos, que saturan los servicios de salud con sus quejas de fatiga y extraños síntomas.

Un caso de trastorno de conversión analizado desde la perspectiva de la interconsulta hospitalaria

Luis Javier Sanz Rodríguez1, Begoña Torres López2

1 Residente de Psicología Clínica. Hospital Universitario de Getafe
2 Residente de Psicología Clínica Hospital Psiquiátrico de Madrid

 

(…)es relativamente frecuente el diagnóstico inicial de trastorno por conversión[2] en pacientes que finalmente son diagnosticados de esclerosis múltiple, miastenia grave y distonías idiopáticas o inducidas por sustancias. Por ello, es importante el no desatender el estudio exhaustivo de este tipo de pacientes aunque inicialmente no se encuentre etiología orgánica que justifique los síntomas.

 

Leyendo entre líneas, viene a decir ni más ni menos que entre los funcionarios de Sanidad también rige el dicho de “el que venga detrás que arree”

Perjudicado, el paciente por un lado, y por otro, los médicos que tendrán que hacer el trabajo que el primer diagnosticador de pluma rápida eludió, gracias al recurso a la somatización. Cabe señalar que, en el caso de una esclerosis múltiple, un diagnóstico acertado y el inicio precoz de un tratamiento puede mejorar el pronóstico de la enfermedad, al retrasar la aparición de un segundo brote.

Afortunadamente para todos, esto es cosa del pasado. Gracias al progreso en investigación, se conocen hoy todos los mecanismos que provocan enfermedad en el ser humano, de modo que se puede aplicar con certeza el tratamiento adecuado, si existe.

¿Sí? ¿Seguro?

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Pero un día, algo vino a golpearme, algo desconocido, que me sumió en el limbo de los muertos vivientes. En algún momento, el sopor me venció. Y entonces, me desperté, y fui consciente del engaño en el que estuve sumido, por culpa de mi ignorancia, durante tanto tiempo.

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NOTAS:

[1]No es el único caso de heroicismo en investigación médica. Más dramático, por su desenlace, fue el caso de Jesse Lazear, que murió, el 25 de septiembre de 1900, a causa de la fiebre amarilla que él mismo se inoculó, con la intención de demostrar el papel de vector del mosquito Aedes aegypti en la transmisión de la enfermedad.

[2]Una subclase de los trastornos somatomorfos.

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La lucidez, la lucidez…

-Siendo así, por qué no hacemos su experimento, propuso la mujer, déjese conectar a a la máquina y yo le hago las preguntas,

-Está loca, soy un agente de la autoridad, la sospechosa es usted, no yo,

-O sea, que tiene miedo,

-Ya le he dicho que no,

-Entonces conéctese a la máquina y muéstreme lo que es un hombre y su verdad.
El agente miró a la mujer, que sonreía, miró al técnico, que se esforzaba por disimular una sonrisa, y dijo,

-Muy bien, una vez no son veces, consiento en someterme al experimento.
El técnico conectó los cables, apretó las abrazaderas, ajustó las ventosas.

-Ya está preparado para comenzar, cuando quieran.

La mujer inspiró hondo, retuvo aire en los pulmones durante tres segundos y soltó bruscamente la palabra,

 

Blanco.

 

No llegaba a ser una pregunta,pero las agujas se movieron, rayaron el papel. En la pausa que siguió las agujas no llegaron a parar por completo, siguieron vibrando, haciendo pequeños trazos, como si fuesen ondulaciones causadas por una piedra lanzada al agua. La mujer los miraba, no al hombre atado, y después, sí, volviendo hacia él los ojos, preguntó en un tono de voz suave, casi tierno, -Dígame, por favor, si votó en blanco,

-No, no voté en blanco, nunca he votado ni votaré en blanco en mi vida, respondió con vehemencia el hombre. Los movimientos de las agujas fueron rápidos, precipitados, violentos. Otra pausa.

-Entonces, preguntó el agente.

El técnico tardaba en responder, el agente insistió,

-Entonces, qué dice la máquina,

-La máquina dice que usted ha mentido, respondió confuso el técnico,

-Es imposible, gritó el agente, he dicho la verdad, no he votado en blanco, soy un profesional del servicio secreto, un patriota que defiende los intereses de la nación, la máquina debe de estar averiada,

-No se canse, no se justifique, dijo la mujer, creo que ha dicho la verdad, que no ha votado en blanco ni votará, pero le recuerdo que no era de eso de lo que se trataba, sólo pretendía demostrarle, y creo haberlo conseguido, que no nos podemos fiar demasiado de nuestro cuerpo,

-La culpa ha sido suya, me ha puesto nervioso,

-Claro, la culpa es mía, la culpa es de la eva tentadora, pero a nosotros nadie nos pregunta si nos sentimos nerviosos cuando nos vemos atados a ese artefacto,

-Lo que les pone nerviosos es la culpa,

-Quizá, pero entonces vaya y dígale a su jefe porqué, siendo usted inocente de nuestras maldades, se ha portado aquí como un culpable, -No tengo que decirle nada a mi jefe, lo que ha pasado aquí es como si nunca hubiera ocurrido, respondió el agente.

Después se dirigió al técnico,

-Deme ese papel, y ya sabe, silencio absoluto si no quiere arrepentirse de haber nacido,

-Sí señor, quédese tranquilo, mi boca no se abrirá, -Yo tampoco diré nada, añadió la mujer, pero al menos explíquele a su jefe que las astucias no le servirán de nada, que todos nosotros seguiremos mintiendo cuando digamos la verdad, que seguiremos diciendo la verdad cuando estemos mintiendo, como él, como usted, imagínese que le hubiera preguntado si se quería acostar conmigo, qué respondería, qué diría la máquina….

José Saramago, Ensayo sobre la lucidez. Pág 33

Seres voladores (II) *

* Aludiendo a esta entrada: Seres voladores I

 

Es media mañana de un día radiante del mes de junio. Estoy sentado, en el lado malo, en el consultorio médico de una localidad de la provincia de Teruel, a donde he venido a vivir a principios de este mismo año, lleno de ilusión. Es la primera vez que entro en el consultorio, y la segunda vez que veo a la doctora. La primera, fue hace dos semanas, cuando, a petición de mi mujer, vino a visitarme a mi casa. Yo no podía levantarme de la cama.

Intento explicarme, a ver si es que he dicho algo mal. Pero no, por segunda vez, la misma respuesta, evasiva. Empiezo a dudar. Pregunto.

Suficiencia:
– Es que no puedo hacerte una baja por estar cansado.
¿Y quizá podría, hacerme una paja? ¿Si no estoy casado? ¡Emilio, esa boca! ¡Ni se te ocurra! ¡Y no la mires así! ¡Se te oye pensar!

Como no es mi primera experiencia me inquieto, me asalta la sospecha. ¿Otra vez lo mismo de siempre? Empiezo a argumentar. Para mí está muy claro:

– Doctora, ¿no entiende que yo no saco ningún provecho? Soy autónomo, yesero, oficial de primera. Hago bien mi trabajo, y me gusta. (Las dos cosas, mi trabajo y hacerlo bien) Gano en tres días de trabajo lo que cobro en un mes de baja ¿Cree que me compensa estar de baja?

Prepotencia: no te hago la baja porque no me sale de los ovarios. En realidad, cumplo órdenes, nos lo ha dicho el baranda:

Ni una baja si no hay una razón justificada; y si os parece Fatiga Crónica, sin compasión, a degüello. Revisaré personalmente todos los casos.

La verdad es que podría preocuparme; podría darte la baja y seguir tu caso; me parece un tanto raro que un tío como tú se comporte como un niño que no quiere ir a la escuela. Aún sin llegar a tanto, podrías darme lástima y hacértela igualmente. Pero la semana que viene me voy de vacaciones;
(lo deduzco por el folleto que tienes, abierto, mal oculto bajo mi exiguo historial) Con un poco de suerte, gracias al relax, volveré embarazada  del primero de mis dos hijos. El segundo vendrá después, tras un plazo razonable de tiempo. Ya lo tengo planificado. No, no me voy a buscar problemas.

 

-Bueno, te haré un volante para el psiquiatra. (Doctora, mi almorrana, por favor). Voy a llamar para ver cómo está la lista…

-…

-Te mandaré al reumatólogo. Vas a tener suerte, en Salud Mental no dan horas hasta dentro de un mes.

Una suerte loca, Doctora. No se hace usted bien a la idea. Tengo una casa a medio enyesar, y después de ésta, tres más, comprometidas. Tenía trabajo para lo que queda de año. Un lujo, si bien se mira, tal como empiezan a pintar las cosas. Dinero para vivir bien. Ya sabe, doctora, lo bien que vivimos los yeseros; si no fuera por los expolios trimestrales de Hacienda, podría comprar un harén y llenarlo de bellezas exóticas. Me vine a vivir aquí, lejos de las grandes constructoras, para poder cumplir este sueño. Voy a salir de aquí sin caber en mí de gozo. Si hay un Nirvana, no puede ser tan  maravilloso como este frenesí sensual.

No, no me haga usted ninguna paja, me corro yo solo de gusto.
Si no fuera usted tan repulsivamente fea, hasta le daría un beso, en el momento del éxtasis. 

Maldita cínica. Bastarda. 

– Eres el primer hombre que oigo decir (sic) que tiene Fatiga Crónica

Siempre tiene que haber alguna primera vez, señora. Para mí, también es la primera vez. Es la primera vez que escucho decir una idiotez semejante.

Primer aviso; salgo del consultorio con un subidón de adrenalina.

Mal asunto.

Mala raza.

Una revisión taxonómica: la femifauna

 

 

A modo de introducción, explicaré algunos términos científicos necesarios para la comprensión de este articulillo.

En Biología, existe un apartado llamado Taxonomía: de forma simple, esta rama se ocupa de la clasificación de los seres vivos. Esta clasificación es una referencia, una herramienta, para poder estudiar, a partir de ella, con ayuda y apoyo de otras herramientas, a los seres vivos.

Si tienes curiosidad por saber más, puedes ir al Glosario, en el que hallarás enlaces con información.

Conviene aquí aclarar un punto: se tiende a confundir a la Taxonomía Biológica con la Sistemática Biológica. Aunque ambas están íntimamente relacionadas, no son lo mismo.

La Taxonomía es una especie de base de datos, de carácter descriptivo, mientras que la Sistemática tiene un objetivo más amplio, interpretativo: conocer, además de los caracteres descriptivos de cada especie, cómo ha llegado al lugar que ocupa en su apartado taxonómico.

Así queda aclarado (espero) uno de los puntos del título.

Antes que nada, un aviso para los que tenéis la piel fina: leed y entended lo que escribo antes de comentar. Dos, tres veces, si es preciso. Os ayudará en dos cosas. Evitándoos un berrinche, por un lado,  y que quedéis como idiotas haciendo comentarios incoherentes, por otro.

Ya hace tiempo que se acuñó el neologismofeminazi”: se utiliza para designar a aquellas personas que, convenidas  de que así demuestran lo socialmente comprometidas que están, se dedican a rasgarse las vestiduras, a lanzar improperios y a descalificar, por el método de la falacia, a todo aquel que tenga la osadía de criticar a otra persona, siempre que esta última pertenezca al sexo femenino.

Usando la falacia, evitan, de forma eficaz, desviar la atención del que es el núcleo de la crítica, es decir, si el oponente tiene o no razón, o argumenta de mejor o peor manera.

Se trata, en este caso, de la falacia ad hominem: atacar el argumento por la vía de desacreditar al oponente.

Un ejemplo sería el siguiente:
Luis dice que Juan miente
Luis es un ladrón, luego
Juan dice la verdad

 

Y ahora vamos a ver unos ejemplos genéricos.
Mariano afirma:

Laura no debería conducir, porque las mujeres no tienen reflejos

Una persona con una capacidad intelectual media, o incluso media-baja, mostraría su desacuerdo, diciendo:

Mariano, ¿Qué tiene que ver el sexo con la  habilidad?

De entre los anteriores, un feminista, hombre o mujer, podría ser algo más incisivo y decir:

Está claro, Mariano, que a usted le mueve algún prejuicio machista al decir semejante idiotez

Un/una feminazi diría en este caso lo mismo que un/una feminista, quizá, en tono más airado, pasando, por tanto, desapercibido.

Pero vamos a analizar el siguiente ejemplo

Francisco dice:

Laura no debería conducir, porque no tiene reflejos

Pueden darse dos casos: Laura es la vecina del tercer piso, segunda puerta, de un edificio situado en una calle de un barrio no muy lujoso de una ciudad cualquiera.

En este caso, es muy probable que ningún feminazi llegue a enterarse del asunto, porque su hábitat suele ser más selectivo. Previsiblemente, Laura se quedará sin su abnegado defensor.

Segundo caso: Laura es una mujer conocida, que no pública. Una activista, una periodista, una escritora… famosa, que sale en los medios.

Ninguna persona, aún feminista convencido, con su capacidad de comprensión intacta, podrá alegar que Francisco es machista. Podrá, como mucho, sospechar, que no ve a Laura con buenos ojos, por motivos políticos, envidia…

Pero en este caso, un o una feminazi encuentra el gatillo, un mecanismo, escondido en lo profundo de su masa cerebral, que se dispara automáticamente:

A Francisco, lo que le pasa, es que no respeta a las mujeres. Debería darle vergüenza, es mucho lo que Laura ha hecho, para que ahora un machista como él la ataque de este modo

Al fin y al cabo, lo que Francisco pone en duda no es lo que Laura haya hecho como mujer, sino lo que podría hacer como persona inhábil para una capacidad concreta, pero eso, como en toda argumentación falaz, es secundario.

Y como oigo pensar, sé que te preguntas en este punto:

¿Y bien?¿Has dicho algo nuevo? Eso ya lo sabemos todos

De acuerdo. Pero sé que muchos no sabéis definir un femiacomplejado, y deslindarlo de un feminazi, o distinguirlo de un simple calzonazos, cuando lo escucháis. Sí, porque un femiacomplejado no se detecta por ningún carácter fenotípico aparente.
Un femiacomplejado puro es  indetectable si no abre la boca o escribe, y sólo en relación con lo que he expuesto antes.

Un femiacomplejado no es exactamente un calzonazos: aquél que no sabe enfrentarse asertivamente a las exigencias excesivas o a las burlas de su pareja. Puede perfectamente llevar ese aspecto con normalidad.

Tampoco, necesariamente, un feminazi es un femiacomplejado:
El femiacomplejado es un individuo, de sexo masculino, con complejo de culpa, por la situación social de inferioridad de las mujeres, y que intenta contrarrestar ese sentimiento, señalándose él mismo, a modo de icono inmolatorio, como infame causante, aunque involuntario, de esa situación de repudio.

Parece, a primer vistazo, un moderno Jesucristo ad hoc, que se inmola en tu nombre para reparar el daño, pero a diferencia de aquél, que lo hizo perdonando, el femiacomplejado te señala en su acto, dejando claro que el ofensor eres tú.

No es demasiado difícil, por lo tanto, reconocer a un femiacomplejado. Pero no todos son tan obvios y, como cualquier ser vivo, algunos aprenden estrategias para no ser detectados y evitar ser blanco de escarnio por parte de los machos α.
(Y de los machos y hembras normales; no estamos hablando de etología)

Aún así, hay varios signos que pueden alertarnos al respecto, y aquí voy a exponer uno muy característico. Se trata del uso del vocablo machíto. El acento es puramente enfático. Trata de ayudar a entender la forma particular de pronunciarlo

Así pues, taxónomos, psiquiatras, biólogos, sociólogos; todos los que podéis necesitar de esta útil herramienta, podéis usarla en vuestro quehacer sin temor a que os reclame royalties. La pongo a disposición de toda la comunidad científica. Me mueve, como a otros inquietos les movió en su momento, el prurito investigador, el afán de ayudar, con altruista renuncia a mi personal beneficio.

Tan sólo pido, como es de buen uso, a modo de cortesía, que citéis esta fuente en vuestras publicaciones.

No quiero finalizar sin agradecer expresamente al inspirador de mi descubrimiento, al que activó las neuronas que me evocaron mis experiencias pasadas. No conozco su nombre, así que sólo puedo agradecerle de esta manera:
Gracias, amigo sin nombre.

Sensibilidad química múltiple, o cómo vivir del sufrimiento ajeno

He reglobeado aquí esta entrada del blog “La Ciencia y Sus Demonios” por dos razones:

La primera es por tenerlo a mano, para seguir el hilo de comentarios a la entrada. No voy a decir que ha producido un apasionado debate, porque no es cierto, al menos, de momento. Lo único que ha producido, recalco, hasta ahora, es una reacción al redactado tendencioso del artículo (vamos a llamarlo así) y una defensa a toda costa de su autor, a la manera que lo haría un noble medieval con su castillo asediado.

La segunda es para poder abrir aquí, digamos, en mi terreno (en el terreno que WordPress con toda amabilidad me deja, para decirlo con propiedad) un hilo aparte, donde poder dejar mi opinión respecto del artículo y, si procede, de su autor.

Allá voy.

Romperé primero una lanza  a favor del blog La Ciencia y Sus Demonios.

Se trata de la fusión de varios blogs previamente independientes.
Diferentes autores con el mismo fin: Por un lado, la divulgación científica; por otro, señalar la charlatanería. Ni que decir tiene que yo estoy a favor de ese propósito.   Yo lo sigo desde hace tiempo y en él he ido aportando comentarios.
De hecho, no hace mucho, republiqué aquí una de sus entradas, por considerarla adecuada al propósito con el que yo empecé este blog:

Guía para no dejarse deslumbrar por los charlatanes

Aunque no está en el blogroll de Materia Emética, en el apartado “Flagellum maleficarum”, no se debe a omisión voluntaria, sino a falta material de tiempo para dedicarle a mi espacio, a este blog. Y este defecto lo voy a subsanar de inmediato.

Bien, entonces ¿por qué el desacuerdo?

De momento, aquí queda la entrada como enlace al artículo. La reflexión la publicaré aparte, a la mayor brevedad, y convenientemente enlazada.

 

 

 

La Ciencia y sus Demonios

Tubo de ensayo El campo de la medicina es un lugar especialmen Aviso médico grande te abonado a la aparición de todo tipo individuos con pocos o ningún escrúpulo que no tienen problemas en aprovecharse y vivir del sufrimiento ajeno. Esto es especialmente cierto en los casos de enfermedades graves, incurables y/o de origen desconocido, en los que el paciente se aferra con desesperación ante cualquier promesa de curación o, al menos, de explicación de sus síntomas.

Uno de esos casos es el llamado Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple, últimamente de moda junto con la Sensibilidad Electromagnética, en los que los pacientes reaccionan de forma intensa ante la exposición de cualquier producto químico a niveles que son indetectables e inocuos, en el caso de la SQM, o a cualquier campo electromagnético en el caso de la SE.

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El Yin

En justa medida de equilibrio, quiero señalar aquí con sus nombres a dos, de entre los muchos que hay por esos consultorios de Dios, funcionarios del departamento de Salud, ejemplos del dicho popular que con irreductible sencillez reza que “tiene que haber de todo”.
Ojalá pudiera ser esto una lista donde se pudieran ver reflejados todos los maltratadores
psíquicos, que faltan a aquel principio médico tan básico del “primum non nocere”, pero entenderéis que yo sólo puedo responder de la veracidad de lo que yo escribo.
De todas formas, al final de esta entrada he pegado una encuesta, un poco humorística, para que podáis marcar la opción que más se acerca a vuestro caso . Así podremos ver un resumen de las actitudes hacia esta enfermedad.

Prestad atención, que hablo de vosotros.

“Dra” Ana Isabel Alcaine Paricio. Titular, cuando sufrí mi recaída, del consultorio de la localidad donde entonces residía, un pequeño pueblo minero en la provincia de Teruel. Con el argumento, no de alguna duda más o menos razonable, sino lisa y llanamente de la inconveniencia de poner en peligro el asiento de sus posaderas, me trató de igual forma que se haría con el niño que no quiere ir a la escuela. Le concedo el mérito exclusivo de provocar, con su actitud arrogante y despreciativa, mi primera crisis de angustia en 40 años de vida.
Actualmente castiga el asiento en la consulta de la capital de una comarca cercana. Insatisfecha, sin duda, con labor de tan poca enjundia, dedica el sobrante de sus energías a colaborar en el llamado “Grupo Aragonés de Investigación en PsicoDermatología” lo que me parece un acto de sarcasmo de las dimensiones de la Vía Láctea.

El segundo personaje, el también funcionario de Salud Emilio Pérez Laclériga, entonces y aún jefe de Zona Asistencial, quien, tras exponerle mi queja, me despachó con un literal:
“no tengo toda la mañana para pederla con usted”.
A los dos, gracias por el derroche de comprensión y humanidad.
Me consta, porque me lo ha dicho un pajarito, que vuestro insigne colega, el Doctor Josef Rudolf Mengele guarda en su laboratorio en el infierno, un par de puestos de ayudante para otorgároslos cuando llegue la ocasión.

Que se sepa.